Adriano está desilusionado: en todo el mundo, o al menos en los países que conoce y que le importan -Argentina, España, Italia, Estados Unidos, etc.- ha tenido lugar un proceso muy desagradable: valores como decencia, orden social, cumplimiento de la ley, han pasado a formar parte del bagaje de la Derecha, y los políticos de Izquierda aparentemente temen usar palabritas como “patria”, “familia” o “seguridad” de cualquier modo que aliene a -supongo solamente- su electorado más rabioso.
Eso deja a conceptos como el “respeto a la policía” en el patrimonio de la derecha, y si uno comete la gaffe de mostrarse de acuerdo con expulsar okupas es tildado sin más de cerdo fascista, más valiendo un por si acaso que un quién lo diría. Por el otro lado tenemos a los idiotas que siguen pensando que el mundo capitalista actual tiene algo que ver con las injusticias de la Rusia zarista, y plantean la expropiación a mansalva -total, algo habrán hecho- u otras bellezas semejantes, como un “partido único, con total libertad dentro”, o el obtener el dinero necesario para la asistencia social de los patrimonios de los explotadores propietarios burgueses. Esto en pleno siglo diecin…veintiuno.
La derecha, por desgracia, no ayuda. Al menos en Italia, donde votarlos implicaría para Adriano darle poder a partidos de ultranacionalistas, demagogos, fascistas y gente que se regodea en echarle la culpa de todos los problemas a los extranjeros, total huelen mal y nunca van a llegar a nada. En España o Argentina se plantean problemas similares, aunque no idénticos, con el PP, el Macrismo, López Murphy o demás.
El problema de base es que la gente no quiere decisiones difíciles. No quiere una sociedad de derecho, prefiere por ejemplo la expulsión de indocumentados. Ciertamente, expulsar extracomunitarios puede ayudar a resolver algunos problemas, pero seguramente no todos. Como por ejemplo, el pequeño detalle del crecimiento demográfico nulo, o el de los trabajos más desagradables. La gente no quiere veinte mil pequeños partidejos -sobre todo aquí, donde la ley electoral permite que partidos con un 4% de los votos dicten política en la alianza de la que forman parte, so pena de hacer caer al gobierno si no les hacen caso-, y obviamente la solución pensada en Italia como única es el bipolarismo absoluto, a la estadounidense. No se permita pensar en tres o más grupos representativos, por favor. O comunistas pelotudos, dementes, culeros y hierve-niños, o cerdos nazifascistas (este apelativo es mío, en general la izquierda italiana es mucho más civilizada en sus comentarios que, al menos, Berlusconi, Calderoli o Tremaglia).
La vida obliga a decisiones siempre más delicadas. Eso no agrada. Preferimos que El Capo nos diga a quién odiar. A Adriano le da mucha lástima ver que un país con gente que ya soportó a Mussolini y que pasó una guerra mundial caiga en artificios dignos de un Menem. Una pena.
No quiero decir -debería haber quedado claro, pero estoy acostumbrado a pensar mal- que votar a la Izquierda sea siempre la solución. Hay muchas cosas de la actual alianza en el gobierno italiano que no me entusiasman: su incapacidad de hacer por estar compuesta de una mezcla demasiado heterogénea de partidos, su temor a hacer decisiones dolorosas (en parte porque en general molestarían a gente de la propia alianza, como ahora lo hace la ley de uniones civiles), el abandono de esos conceptos mencionados anteriormente, en suma, su blandura.
En Argentina se ven cosas en comparación mucho más interesantes. Aceptando que el sistema de gobierno es mucho más dinámico, presidencialista y no parlamentario; la cuestión es que la vida política principal ha abandonado estandartes de derecha o izquierda, sobre todo porque la asociación derecha – militares aún pesa. Obviamente, el gobierno tiene una tendencia, y partes de la oposición otras; pero lo más interesante es cómo se han eliminado las diferencias de partidos, en gran medida por el desastre radical del 2001 – 2002, y cómo al no tener adversarios, el peronismo se fragmentó solo para inventarlos.
Es posible que Adriano y yo volvamos sobre este artículo para pulirlo un poco, y me ayudaría mucho recibir sus opiniones sobre el tema.